Siguiendo con el hilo del anterior post en esta entrada voy a comentar las emociones asociadas a la vergüenza y que son tremendamente limitantes para todos nosotros. Está claro, todos en alguna ocasión hemos sentido vergüenza, o todos tenemos situaciones que tememos porque nos dan vergüenza.

  • Miedo: La vergüenza nace del miedo a la desconexión. Me explico: solemos tener miedo a que los demás encuentren aspectos en nosotros por los que nos puedan ridiculizar, o aspectos que queremos tapar y tememos que salgan a la luz. Es muy habitual en esta sociedad tener miedo a “mostrar tristeza” cuando en la sociedad nos muestran siempre personas alegres y las personas tristes quedan relegadas a un segundo plano e incluso se las puede tratar como “enfermas”. Todos hemos sentido tristeza o hemos pasado por épocas donde nos hemos sentido especialmente tristes y no pasa nada, no quiere decir que tengamos una depresión o cualquier otra enfermedad. Pasar por momentos de tristeza es lo más normal del mundo porque venimos a este tablero de juego que es la vida a vivir, a sentir. No obstante, en esta sociedad se nos obliga a estar siempre perfectos y a ponernos máscaras, por lo que podemos llegar a sentir vergüenza de mostrar nuestros sentimientos de tristeza porque tenemos miedo de que los demás nos aparten, se sientan defraudados; en definitiva, tenemos miedo a no ser aceptados, a desconectarnos de los otros. Si lo pensáis bien, es una tontería, pero a todos en algún momento nos ha podido pasar algo parecido. Podéis observar esa dualidad entre expectativas externas y lo que realmente pasa por dentro. Otro ejemplo típico del miedo, es el miedo a que los demás descubran algo de tu pasado que pueda afectar de manera negativa en la relación que tienes con esas personas.
  • Culpa: Siguiendo con el cóctel, cuando aparece vergüenza y miedo la culpa no suele estar muy lejos.  Siguiendo el ejemplo anterior la culpa puede ser hacia adentro y por consiguiente nos podemos sentir culpables con nosotros mismos (“me culpo por sentirme triste”), o por el contrario la culpa puede ser hacia afuera y entonces explotamos con los que tenemos cerca: nuestro hijo, pareja, compañeros de trabajo, etc. En este último caso descargamos nuestra culpa en ellos y les culpamos por nuestra reacción ante la vergüenza.  Aparece la culpa porque nos sentimos impotentes para gestionar la vergüenza. Un claro ejemplo que suelo ver en las sesiones de akáshicos es cuando al finalizar la sesión de canalización y sanación y les explico que pueden tener unos días de cierta inestabilidad emocional y que sería muy normal tenerlo porque obedece a una crisis curativa, lo que remarco siempre es que “se permitan estar tristes, sentir la rabia, etc….  y que en definitiva no se sientan mal por sentirse mal”. Lo que les transmito es “no te sientas culpable por estar mal los próximos días, acéptalo y deja ir la emoción”.
  • Desconexión: Sentirnos conectados significa sentirnos reconocidos por el grupo, valorados, aceptados. Sentirnos desconectados significa sentirnos solos, aislados, y sin valor alguno. El aislamiento hace referencia a haber perdido toda posibilidad de conectar con otros y la impotencia que conlleva el sentirnos así. Llegados a este punto la persona es capaz de hacer cualquier cosa para escapar del aislamiento y la impotencia. En este punto, algunas personas pueden desarrollar problemas de comportamiento, adicciones, etc.  La vergüenza te hace sentir separada del mundo. Yendo al ejemplo sobre la tristeza: ante una tristeza profunda nos podemos aislar de nuestro entorno porque sentimos vergüenza de de que nos vean así. Este aislamiento al final nos hace que un mal momento por el que estamos atravesando si lo encaramos de frente, con valentía y mostramos nuestra vergüenza a nuestro entorno, es muy posible que obtengamos el apoyo necesario para superar esa situación y nos sintamos conectados con los demás. La desconexión es el punto de inflexión que si llegamos a él nos tiene que servir para tomar cartas en el asunto y trabajar sobre ello.

En los próximos posts profundizaremos en estos temas y buscaremos herramientas que nos ayuden a gestionar la vergüenza. Recordad: A todos nos ha pasado y hemos sentido vergüenza, por lo que desde esa premisa, podemos utilizar la vergüenza como elemento que “nos conecta” porque todos sabemos “lo que se siente”.

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