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A vuelta del verano, conviene recordar eso del libre albedrío. En inglés el término es tremendamente descriptivo “free will“.  Actuar desde la libertad. Ahora bien, ese actuar desde la libertad, conlleva actuar también desde la responsabilidad, sin buscar echar balones fuera.
Somos responsables de nuestras acciones, de nuestros actos, pensamientos y emociones. Tomamos decisiones y cursos de acción acorde a nuestro criterio, sin aceptar coacciones, chantajes o imposiciones de terceros.

Cuando hablamos de respetar el libre albedrío, hablamos justamente de respetar la opinión o la respuesta que da una persona sobre algo, aunque nosotros no estemos de acuerdo.

Pero qué pasa con nosotros mismos?

Bien, por ejemplo si me cruzo con alguién por la calle que me despierta sentimientos muy negativos, tengo el libre albedrío para decidir si me dejo llevar por esos sentimientos, si permito que esos sentimientos dominen mi interacción con esa persona, o si voy a tratar de sublimarlos. La decisión de qué hago con esos sentimientos es sólo mía, y la responsabilidad de la decisión que tome también.

Nada está total o irrevocablemente fijado de antemano. Todo forma parte de un plan divino, pero ese plan al fin y al cabo es una tendencia. A causa de nuestro libre albedrío, existe siempre la posibilidad de mejora o degeneración. Dicho de otra manera, puede mi karma sea clavarme una espina en el pie, pero esto no significa que no deba intentar quitármela.

Como seres humanos tenemos la habilidad de pensar y por consiguiente discriminar. A causa de ello existe el libre albedrío, y como consecuencia la responsabilidad de tomar decisiones, y responsabilizarse de los resultados de las mismas.

En este punto llamo la atención. Tenemos la responsabilidad de tomar decisiones.  A lo largo de mi trayectoría profesional en recursos humanos he podido constatar como personas con altas responsabilidades y con cargos relevantes no tomaban decisiones por diversos factores, muchos de ellos relacionados con los miedos. Era algo que a mi me sorprendía porque justamente el salario y el peso de ese cargo en la organización conllevaba de manera explícita la toma de decisiones y la responsabilidad de las mismas. El miedo producía parálisis y esa misma parálisis se reflejaba en sus equipos de trabajo donde tampoco nadie tomaba decisiones.  Pero del miedo hablaremos en otro momento.

Y Mi Yo Superior y mi libre albedrío?

Ni tu Yo Superior ni tus guías pueden violar tu libre albedrío. Ante una situación, tus guías o tu Yo Superior te pueden estar dando soluciones en forma de sincronicidades o mensajes, pero tu con tu libre albedrío decides hacer otra cosa. Está bien, ni tu Yo Superior ni tus guías espirituales te pueden obligar. Respetarán tu libre albedrío. Por ejemplo, entras en una discoteca y en la barra de la derecha está un chico que va a ser tu pareja y te va a ir bien. Tu Yo Superior y tus guías te pueden enviar señales para que vayas hacía ese lado de la discoteca, pero tu has visto en la barra de la izquierda un chico muy atractivo y hacía allí que te vas obviando el resto de señales y perdiendo la oportunidad de conocer a ese chico en ese momento.  Con eso no quiero decir que no lo vayas a conocer, sólo que has perdido esa oportunidad en ese momento, y tal vez haya otra oportunidad en otro momento y lugar.

Hasta aquí el post de hoy, y os dejo con esta reflexión de Matrix

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